¡Date un capricho!

Si has leído el título y lo primero que te ha venido a la cabeza es un trozo enorme de tarta de chocolate, un helado de medio litro de tu sabor favorito, o cualquier que otro alimento que sea santo de tu devoción, este post te interesa y mucho. 

A todos, no únicamente a nosotras las chicas, nos gusta darnos un capricho de vez en cuando, ya sea como premio o recompensa por algo en concreto, o porque nos apetece, sin un motivo en especial.
Estos pequeños caprichos le ponen un poco más de color a nuestro día a día, nos ayudan a levantar el ánimo si tenemos un mal día, y nos dibujan más de una sonrisa.
Pero, hace falta que sea siempre algo comestible?

date un capricho

La respuesta es que ni hace falta ni debe ser siempre así.
Primero de todo, porque no sólo vivimos de comida, sí, sirve para alimentarnos, pero hay muchas otras cosas que pueden alegrarnos el día, más incluso que nuestro plato favorito.

Además, atribuir propiedades más allá de las nutricionales a la comida no nos va a traer nada bueno.
Está genial poder disfrutar de la gastronomía y saber apreciar lo que nos gusta más y lo que menos, y, yo soy la primera que aboga por comer de vez en cuando algo que nos apetezca porque sí; pero no hay que asociar ciertos alimentos con un premio.

dulce

Si hacemos esto, a la larga relacionaremos ese alimento con sentirnos mejor y, como nos produce bienestar, si tenemos un mal día, un disgusto, o cualquier angustia; terminaremos recurriendo a él.
Sí, la típica escena que sale en las series y películas: una chica sentada en el sofá, viendo la tele y con un tarro de helado XL en la mano, tras una ruptura sentimental.

Parece un tópico, pero, como espectadores, todos sabemos que el helado no arreglará la ruptura ni la ayudará a olvidar el origen de su tristeza, pero, cuando somos nosotros que vivimos la historia en nuestra propia carne, lo vemos con otros ojos. 

El helado sólo nos proporcionará un poco de bienestar inmediato, porque lo asociamos con algo agradable, pero los problemas seguirán allí cuando terminemos con el bote, simplemente tendremos el estómago más lleno y probablemente habremos tirado al traste los buenos propósitos.

Así que, para evitar caer en este tipo de situaciones, no tiene porque ser helado lo he puesto a modo de ejemplo, porqué no nos premiamos con otras cosas más allá del típico chocolate y los croissants? 

detalles que alegran el día

Hay todo un mundo de posibilidades, y no, no hace falta que sean cosas caras carísimas.
Una manicura diferente nos hará dibujar una sonrisa cuando veamos a nuestros dedos teclear en el ordenador; alargar nuestra vuelta del trabajo pasando por algún sitio que nos guste especialmente, una cena improvisada con amigas; una infusión servida en una taza bonita; flores frescas que huelan a flor; redecorar nuestro salón sólo moviendo los muebles de sitio; un baño de espuma con velas, y un largo etcétera. 

Todo son pequeños detalles que no nos representan ningún esfuerzo económico, que todos nos podemos permitir y que nos ayudarán a escapar de la rutina sin necesidad de meter a la comida de por medio.

Porque, lo que no nos cuentan en las películas ni en las series, es que, después del bote de helado, hay un día después y otro y otro, y, si terminamos utilizando la comida como consuelo o como premio, lo más probable es que terminemos teniendo una relación malsana con ella que incluso puede terminar en un desorden alimenticio. Así que, ya sabéis, cuidadito!

Y, vosotras sois de de daros caprichos de vez en cuando o no tenéis esa necesidad? En que suelen consistir? Nos damos ideas entre todas para ponerle un poco de color a esos días grises que, de vez en cuando, pasan por nuestras vidas?



¡Feliz fin de semana! Nos vemos el lunes!